Rosa

“El Principito” y el Coaching

¡Qué gran libro! Haber vuelto a leerlo, ¡me ha inspirado tanto!

Su lectura me ha resultado profundamente delicada y encantadora, como un baile dulce, de tonos pastel y melodía juguetona.

La vida te trae en el momento justo

Justo en el momento en el que estás preparado para recibir, la vida te trae a tu Principito particular.

Él te trae observación, reflexión, acción y transformación. Es así como el aviador se encuentra con el Principito,  su Principito.

El aviador no lo sabía, la avería de su avión le trajo un amigo y grandes aprendizajes.

Ya cuando tenía 6 años se dio cuenta de lo extraños que eran los mayores. Le aconsejaron que abandonara el dibujo y se centrará en geografía, la historia, el cálculo y la gramática.

¿Alguno de vosotros conoce a un mayor que haya dejado de observar con curiosidad a los niños? ¿y en su lugar le haya ordenado, muy serio, como la ocasión lo requiere, estarse quieto y dejar de enredar?

Nuestros pensamientos

Todos tenemos un pequeño planeta como el del Principito. Con semillas invisibles de las que pueden nacer buenas y malas hierbas. Esas creencias que nos potencian o nos limitan.

En cuanto uno ha tomado conciencia de la creencia limitante, al igual que una mala hierba, los baobabs en el planeta del Principito, hay que arrancarla inmediatamente. “Es una cuestión de disciplina” decía el Principito.  Sí, eso es, disciplina. A mí me gusta utilizar la idea de la fluidez disciplinada.

El Principito, como un buen Coach, también había tenido su viaje, su aventura.

Su flor, hermosa y única, se mostraba vanidosa, presumía de espinas y temía corrientes de aire. A ojos del  Principito parecía complicada. Había llegado a dudar de ella. Pensó que bastaba mirarla y olerla.

Un día reflexionó: “¡No supe comprender nada entonces! Debí juzgarla por sus actos y no por sus palabras. ¡La flor perfumaba e iluminaba mi vida y jamás debí huir de allí! ¡No supe adivinar la ternura que ocultaban sus pobres astucias! ¡Son tan contradictorias las flores! Pero yo era demasiado joven para saber amarla”.

¿Cuántos de nosotros, alguna vez, no hemos sido capaces de ver más allá de las máscaras de aquellos que vienen a nuestro camino? ¿Cuántas veces, como la flor, no hemos dicho lo que queremos y hemos guardado los besos y los abrazos o en un rincón o en un cajón?

El proceso de transformación

Fue su Flor quien hizo partir de viaje al Principito. ¡Cuánto había aprendido en sus viajes de las personas con las que se había encontrado!

El Rey y su poder

Un poder ficticio, triste y caduco; eso sí, elegante.

Como el poder de aquellos que no aceptan que los tiempos cambian, olvidándose incluso de la sabiduría que poseen por su propia experiencia:  “ -Te juzgarás a ti mismo -le respondió el rey-. Es lo más difícil. Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo, que juzgar a los otros.”

El vanidoso y su sombrero

Sólo oye las alabanzas, busca fuera el reconocimiento. No sabe que él ya es.

El bebedor que bebe para olvidar

Aquel que no quiere hacerse responsable de su vida y busca refugio para acallar la mente.

El hombre de negocios, serio, trabajador y enfrascado en sus cuentas

Esas que al final resultan cuentos. Porque podía contar las estrellas, escribirlo en un papel y guardarlo bajo llave. Pero no podía poseerlas, no sabía ni admirarlas ni disfrutarlas.

Es así como pasa nuestro día. Pensamos en lo que nos falta sin valorar lo que ya tenemos.

El farolero que enciende faroles para alumbrar

Para el Principito era el menos absurdo de los que había conocido hasta ese momento.

Trabajaba duro, había cambiado la velocidad del giro del planeta y la consigna de encender faroles al atardecer y apagarlos al amanecer se había mantenido.

Lo cierto es que el farolero no se había cuestionado las viejas reglas. Como muchos de nosotros. Nos hemos mantenido en nuestra zona de confort sin cuestionar lo que pensamos y hacemos.

El geógrafo anciano

Espera paciente a los exploradores para que le informen de aquello que desea conocer y no se atreve a visitar.

Otro claro ejemplo de dejar para otro momento lo que deseamos y anhelamos. Permanecer en lo conocido tira más de nosotros que nuestra curiosidad de descubrir y  hacer realidad nuestros sueños.

El viaje del héroe

Al Principito todavía le quedaba una etapa muy importante en su viaje. Un año en el planeta Tierra.

La serpiente, la flor del desierto, que poco sabe de los hombres, sin embargo afirmo: “el viento los pasea. Les faltan las raíces. Eso les molesta.”

El eco que hizo intuir al Principito que los hombres tienen poca imaginación.

El jardín de flores parecidas a su flor. Eran rosas. El Principito pensó que su flor no era única, eso le entristeció y lloró.

Apareció el Zorro y le explicó que domesticar era crear vínculos, tener necesidad uno de otro. El Principito se dio cuenta del vínculo que tenía con su flor, le había domesticado.

El Zorro le enseñó la amistad, que se valoran las cosas que se han sentido, que el silencio es sabio, el rito una posibilidad de aventura y que su flor es única porque el vínculo es con ella. Y el más bello de los aprendizajes: “sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”.

El guardavías  le mostró como los hombres viajan rápido de un lado a otro sin estar contentos. Buscan sin parar sin saber que buscan, así que se quedan dormidos.

El comerciante de píldoras que quitaban la sed para ganar tiempo. Un tiempo que los hombres no disfrutaban.

Grandes aprendizajes los del Principito en su caminar por la Tierra.

Acompañar a otros en su transformación

El Principito, igual que Sócrates con sus alumnos, pregunta y pregunta y nunca responde preguntas.

Sus preguntas son mágicas y poderosas, como los faros que en la noche iluminan el camino a los barcos.

Insiste y persiste hasta que el Aviador conecta con su creatividad y le entrega una caja dónde está el cordero que él desea.

Esta parte de la historia me ha recordado a la relación que existe entre un Coach y su cliente. Y el resto ha sido como el viaje que es cada proceso de coaching. Juntos caminando, juntos aprendiendo en comunión.

Desde su partida el Principito se había ido transformando con cada etapa del viaje. Estaba preparado para ser maestro de aquel que estaba preparado para ser alumno, el Aviador.

En ese viaje el Aviador observó y encontró las respuestas dentro de él. Experimentó lo importante que es saber lo que quieres y pedirlo, confiando en las posibilidades.

Como dijo el aviador: “Y yo puedo llegar a ser como las personas mayores, que sólo se interesan por las cifras. Para evitar esto he comprado una caja de lápices de colores.”

lapices de colores

Autora: Beatriz Blasco

About Beatriz Blasco

Inquieta, curiosa, enérgica y alegre. Casi siempre con una sonrisa :-) Ingeniera de Organización Industrial, Coach ejecutiva y personal. Mi leitmotiv: un mundo rural con mujeres empoderadas, que creen si mismas y son agentes de cambio en su entorno. Mi misión acompañarlas para que descubran su Ser más auténtico, sus sueños y los lleven a cabo.

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