cuento_siembra_baobab_coaching

 Viaje al interior –  Sembrar la calma

Hay días en los que piensas, con desánimo, que lo que siembras no da sus frutos, que no recogerás. Una extraña sensación, mezcla de tristeza, cansancio, rabia…, inunda todos los rincones de tu cuerpo. Tal vez sientas una presión en el pecho, tu mirada se torna débil, ausente y tus músculos se quedan rígidos.

Es cierto, esto nos pasa muy a menudo en la sociedad en la que vivimos. Sometidos a la vorágine del día a día, las prisas, el tiempo persiguiéndonos a la carrera, la ansiedad por querer vislumbrar un futuro, millones de pensamientos golpeando en la mente. No hay orden, ni concierto. Únicamente la sensación de estar borracho. Andar dando tumbos, en espiral. No consigues dibujar la línea recta que te muestra la dirección.

Auto exigencia y expectativas. Ansías conocer el resultado. Su forma, su perfume, su color…

Es momento de parar. Estés donde estés toma aire consciente por la nariz y deja que entre profundo. Suelta despacio el aire por la nariz. Siente con cada expiración como tu cuerpo puede estar más y más relajado. El aire te acaricia por dentro, ligero, liviano. Pon la atención en tu corazón, imagina que ahora es él quién respira. Suave y delicado coge aire. Sse hincha. Paciente suelta el aire, se deshincha y sientes como una energía sutil empieza a llegar a todas tus células. Coge aire, suelta aire, por la nariz, despacio, eso es. Todo está bien.

Observa tus pensamientos. Deja que pasen, no los sigas. Otra vez enganchado en caída libre. Respira consciente. Todo está bien.

Es en el más absoluto silencio y en calma donde podemos construir un espacio en el que sostener y conectar con nuestra misión en la vida. Es ahí donde obtenemos respuestas o nuevas preguntas. O te llega un cuento que te hace sonreír. Una vez más, comprendes que en la vida el cambio es lo único permanente, que las respuestas pueden llegar cuando menos te lo esperas, cuando estás preparado. Tienen formas diferentes a las que esperabas, perfumes embriagadores y colores sorprendentes.

En la naturaleza tenemos ejemplos con los que iluminarnos y aprender a ser pacientes. Conectar con la tranquilidad. El gusano de seda que se transforma en mariposa que debe aprender a volar, el bambú que pasa años echando raíces para deslumbrar después, el rosal que prepara con esmero el florecer de la rosa…

Hay días en los que el desánimo te trae interesantes aprendizajes en forma de cuento. Te trae magia, silencio y amor. Eso si estas atento, despierto.

Lee un cuento, cuenta un cuento y regala una experiencia para aprehender

En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo Eliahu de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras. Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus camellos y vio a Eliahu transpirando, mientras parecía cavar en la arena.

—¿Qué tal anciano? La paz sea contigo. —Contigo –contestó Eliahu sin dejar su tarea.

—¿Qué haces aquí, con esta temperatura, y esa pala enlas manos?

—Siembro –contestó el viejo.

—¿Qué siembras aquí, Eliahu?

—Dátiles –respondió Eliahu mientras señalaba a su alrededor el palmar.

—¡¡Dátiles!! –repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez.

—El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor.

—No, debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos…

—Dime, amigo: ¿cuántos años tienes?

—No sé… sesenta, setenta, ochenta, no sé… lo he olvidado… Pero, ¿eso qué importa?

—Mira amigo, los datileros tardan más de 50 años en crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no estoy deseándote el mal y lo sabes, ojalá vivas hasta los 101 años, pero tú sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.

—Mira Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto… y aunque sólo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.

—Me has dado una gran lección, Eliahu, déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste –y diciendo esto, Hakim le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.

—Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tú me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara, parecía cierto y sin embargo, mira, todavía no termino de sembrar y ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.

—Tu sabiduría me asombra, anciano. Ésta es la segunda gran lección que me das hoy y es quizás más importante que la primera, déjame pues que pague esta lección con otra bolsa de monedas.

—Y a veces pasa esto –siguió el anciano y extendió la mano mirando las dos bolsas de monedas–: sembré para no cosechar y antes de terminar de sembrar ya coseché no sólo una, sino dos veces.

—Ya basta, viejo, no sigas hablando. Si sigues enseñándome cosas tengo miedo de que no me alcance toda mi fortuna para pagarte…

Mis reflexiones

  • La vida tiene preparados para ti viajes, caminos que recorrer.
  • La llegada no es la vida. Cómo llegas a la meta es consecuencia de los pasos que hayas dado en el viaje y lo que hayas aprendido.
  • Otros te dejaron el billete para el viaje. Agradece las sorpresas que tiene ese billete.
  • Comparte tu camino. Respeta y ama lo que descubres en tí.
¿Qué otras reflexiones te inspira este cuento?

 
Autora: Beatriz Blasco

About Beatriz Blasco

Inquieta, curiosa, enérgica y alegre. Casi siempre con una sonrisa :-) Ingeniera de Organización Industrial, Coach ejecutiva y personal. Mi leitmotiv: un mundo rural con mujeres empoderadas, que creen si mismas y son agentes de cambio en su entorno. Mi misión acompañarlas para que descubran su Ser más auténtico, sus sueños y los lleven a cabo.

Leave a Comment

Error: Please check your entries!